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La idea de cambiar nos fascina a todos. Queremos dejar de fumar, hacer ejercicio, cambiar de trabajo, mudarnos a una ciudad más tranquila o con más movimiento.
La verdad es que el cambio es muy sencillo y de hecho todos hemos cambiado en una o en varias ocasiones en formas radicales. Y no ha sido tan difÃcil.
La clave es encontrar qué es exactamente lo que hemos hecho para cambiar y aplicarlo. Es muy simple: debemos repetir lo que nos ha funcionado con anterioridad.
Estos son los elementos en común que he encontrado en cambios más o menos radicales que he realizado en mi vida.
1. Define exactamente qué es lo que quieres cambiar.
Sobra decirlo, pero si quieres cambiar, al menos debes saber lo que quieres. Determina con precisión el hábito que quieres eliminar, la parte de tu trabajo que te desgrada. Sé muy claro en reconocer la relación que te atosiga o el proveedor que te da mal servicio.
2. Define con claridad hacia donde quieres llegar.
Para esto no hay nada mejor que la visualización. La visualización debe ser, de preferncia, en “primera persona”. Es decir, en la visualización no te ves a tà mismo sino que aparece tu entorno como si lo estuvieras viendo con tus propios ojos.
3. Busca una recompensa que sea muy placentera.
Por ejemplo, ahora que estoy haciendo ejercicio diariamente, mi recompensa es el sauna y posteriormente, una buena dosis de cafeÃna. Será aún mejor si el nuevo hábito en sà es placentero.
4. No intentes hacer lo mismo que has hecho antes y esperes obtener diferentes resultados.
De hecho, cuando intentas lo mismo en muchas ocasiones, lo cual se manifiesta en formas sutiles como el decir “ahora sà trabajaremos más duro”, es una muestra de que la conducta que estás tratando de cambiar está en proceso de extinción. Es decir, que no funciona lo que has hecho y por lo mismo intentas con más vehemencia.
5. Si ves elementos que se repiten continuamente y que te impiden avanzar, el problema no es el exterior, ni el gobierno, ni el clima. El problema no es la gente que está loca. El problema eres tú, asà que busca qué es lo que hay detrás de eso.
Sin ninguna duda.
Los inventores de PowerPoint hablan del mal uso que se le da a su programa en esta entrevista en Wall Street Journal.
Mr. Gaskins le recuerda al entrevistador que una presentación en PowerPoint no deberÃa de constituir la totalidad de una propuesta o documento. Cita como ejemplo su plan de negocio original para el programa, consistente en 53 páginas, repletas de argumentación. La presentación consistÃa de sólo doce láminas con los puntos más sobresalientes.
Desde entonces, se lamenta, “mucha gente en los negocios ha abandonado el escribir documentos reales. Sólo escriben las presentaciones, que no son sino resúmenes sin detalle, sin ningún respaldo. A mucha gente no le gusta el rigor intelectual que implica hacer un trabajo de verdad”.
Siempre me ha fascinado la idea planteada en The Tipping Point de Malcolm Gladwell acerca de la poca capacidad que tiene el cerebro humano para comprender grandes cantidades y al mismo tiempo entender que pequeños cambios pueden multiplicarse y tener enorme trascendencia.
El ejemplo clásico que utiliza es el siguiente: imaginemos que tenemos una hoja de papel lo sufieientemente grande y que la doblemos sobre si misma en repetidas ocasiones unas 50 veces.
¿Qué altura tendrÃa la hoja? ¿Un metro? ¿Un metro y medio?
Si no conoces la respuesta, seguramente te sorprenderá. La altura de la hoja doblada sobre sà misma 50 veces serÃa aproximadamente la misma que la distancia de la Tierra al Sol. Y si la dobláramos una vez más, la distancia serÃa el doble de la distancia de la Tierra al Sol. Y asà sucesivamente.
Si no me crees, simplemente multiplica .00015 metros (aproximadamente el grosor de una hoja muy delgada de papel) x 2 y repite la operación 50 veces. El número que obtengas será, literalmente, astronómico.
Al cerebro humano le cuesta trabajo determinar a simple vista este tipo de respuestas pues tiende a perder la perspectiva ante cantidades tan grandes generadas por incrementos pequeños.
Por eso cuesta trabajo entender que una mejora pequeña pueda traer cambios impresionantes. Recordemos que el mejor corredor no corre 10 veces más rápido, sino sólo unas cuantas centésimas de segundo.
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Recientemente compré The 4-hour workweek, después de notar el gran revuelo que ha causado este libro del joven Tim Ferriss. La premisa puede sonar poco realista, fantasiosa y hasta chocante: trabajar sólo cuatro horas por semana, vivir en cualquier parte y dedicarte a hacer lo que realmente te apasiona.
La verdad que me ha impresionado el texto, y publicaré aquà una reseña en cuanto lo termine, pero hoy quisiera comentar cómo pude concluir 3 proyectos que tenÃa rezagados aplicando un par de ideas simples que se explican en el libro con una perspectiva un poco diferente a lo usual.
Se trata del principo de Pareto, que es muy conocido y la Ley de Parkinson, que yo habÃa visto sobre todo aplicada a finanzas.
El principio de Pareto, conocido también como la regla 80/20, establece que 80% de los resultados se obtienen de 20% del esfuerzo.
La Ley de Parkinson por su parte establece que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.
Combinando a Parkinson y a Pareto se concluye algo interesante. Hay que disminuir el tiempo dedicado a algo, ponerle fecha lÃmite corta, forzarnos a cumplirlo en el menor tiempo posible y, al concentrar el esfuerzo en este tiempo corto, nos forzamos a hacer lo esencial, lo imprescindible, lo más importante. Es decir, el 20% que produce el 80% de los resultados.
Asà que apliqué lo anterior a estos 3 proyectos que tenÃa rezagados y, como si nada, los concluÃ, a pesar de que hubo un imprevisto en mi negocio que me tomó más de una hora resolver, y sin dejar mi rutina de ejercicio.
Los pasos fueron muy sencillos.
1. Definà qué era lo que querÃa, con la mayor claridad que me fue posible.
2. Le asigné un tiempo muy corto para concluirlo (menos de 24 horas).
3. Me concentré en lo importante. Evité entrar en minucias que sólo me habrÃan tomado tiempo y que no habrÃan aportado mucho al detalle.
4. Me enfoqué en la ejecución.
5. Tuve listos los tres proyectos en un total de 1 hora y media.
Sólo me habÃa pasado algo asà en situaciones de emergencia grave o cuando estaba a punto de salir de viaje. En ese tipo de situaciones no queda de otra sino concentrarse en lo más importante y ejecutarlo en el menor tiempo posible. El dÃa de hoy es la primera vez que hago algo asà sin que sea forzado.
De la que nos salvamos. En serio.
Una de las caracterÃsticas menos utilizadas de Gmail es el re-envÃo de correo que puede hacer hacia otras cuentas POP3 en forma automática.
Combinando este redireccionamiento y la capacidad que tiene Gmail para revisar cuentas POP3 puedes hacer que Gmail funcione como un filtro antispam muy eficiente para una o varias cuentas POP3 ya existentes.
Yo uso muy poco Gmail como correo, pero me ayuda a filtrar mucho spam que recibo en varias cuentas y redirecciono el correo, ya limpio de spam, a varias cuentas que reviso en mi programa de correo favorito.
De paso, Gmail me ayuda a mantener un respaldo de mi correo.
Estos son los pasos.
1. En el pánel de control de tu servicio de hosting creas un redireccionamiento o alias de la cuenta de correo que ya recibe mucho spam. Rediriges este alias a una cuenta de Gmail. Digamos que esta es cuenta_original [arroba] area.com.mx
2. Creas una nueva cuenta de correo, cuenta_nueva [arroba] area.com.mx.
3. Creas un filtro que reenvÃe el correo a cuenta_nueva. Esto se hace en el menú [Settings] > [Create New Filter]. En el campo [To] escribes el nombre de la cuenta original, continúas al siguiente paso y palomeas la opción [Forward] y escribes la neuva dirección.
4. Ajusta y crea algunos filtros en Gmail si es necesario.
5. Listo. Recibirás en adelante de un 80 a 90% menos spam, sin tener que retirar tu cuenta original de circulación.
Sólo quiero dejar constancia de que hoy he empezado a hacer ejercicio en forma. Por años lo he pospuesto o bien he hecho ejercicio en forma esporádica.
Pero hoy he empezado y estoy seguro que esta vez ya no dejaré nunca de hacer ejercicio.
Veintisiete de junio de dos mil siete. Quiero que esta sea una fecha para celebrar.
Por favor, no me malinterpretes, yo adoro el email. De hecho hace unos pocos meses escribà un pequeño tutorial para administrar tu email y evitar la sobrecarga de correo
Pero, la verdad, me divierte un poco y a la vez me preocupa la dependencia que tiene mucha gente hacia el email. asà que aquà te presento un sacrÃelego manifiesto en contra del sometimiento de las personas al email.
1. El email es sólo una una herramienta.
El email tiene, si acaso, unos 10 años de uso generalizado. La humanidad se desarrolló y creció en un entorno en donde el email no existÃa. Asà que levantemos de cuando en cuando el teléfono o caminemos al cubÃculo de nuestro colega en vez de enviar un email.
2. Responder email no es trabajar.
El email es una herramienta que te ayuda a cumplir algunos requisitos de tu trabajo. A menos que el trabajo por definición requiera un uso intensivo del email como puede ser un puesto de asistencia técnica. Aún asÃ, los sistemas más eficientes de soporte técnico están basados en web.
3. El email nunca deberá ser considerado una herramienta de misión crÃtica.
Me refiero a que si realmente es misión crÃtica, en realidad deberÃas de tener otro sistema basado en web, o bien un complicado sistema de re-envÃos o forwardings. Por supuesto, si es tan importante el email como para consideralo de misión crÃtica, se deberÃa de mantener en un servidor dedicado y a prueba de balas, no en un hosting de $6 dólares mensuales.
4. No es necesario revisar continuamente el email.
Trata de que no sea lo primero que hagas en el dÃa. En vez de ello haz un poco de trabajo real. Si te es posible, revisa el email un máximo de dos a tres veces por dÃa.
5. El email no es indispensable.
Es una herramienta extremadamente útil. Pero es posible vivir sin email. Definitivamente que es posible. Ver punto 4.
¿Qué me dices? ¿Crees que podrÃas vivir sin email?