Regresa el PRI. Último día de gobierno panista.

suavicrema, un legado del gobierno panistaEste es un día extraño para México, al ser el último día de gobierno del PAN. 12 años nos duró el gusto a quienes no queríamos ver más al PRI en la Presidencia de la República.

Sin embargo creo que vivimos una contradicción triple. Por un lado, no creo que nadie pueda decir que va a extrañar al panismo, a pocos dará gusto el regreso del priísmo y al mismo tiempo es nefasto desearle mala suerte y bloquearle los pasos, como está haciendo una parte de la izquierda. La confusión es grande.

Trataré de explicarme. Yo voté por los panistas Fox y por Calderón, pero no creo que vayamos a extrañar al PAN. Tuvieron todo el tiempo y toda la oportunidad de acabar con dos de los principales problemas de este país, la corrupción y los monopolios (empresariales, de poder, sindicales, petroleros). En particular Fox, que tuvo un bono democrático que no supo aprovechar.

No creo que nadie esté regocijado con el regreso del priísmo excepto quienes recibirán privilegios y harán los negociazos de su vida y quizá también quienes tienen muy mala memoria. Es un hecho que hay grandes personajes con altura de miras en ese partido, pero también ahí se concentran los creadores de uno de los sistemas más corruptos del mundo. No olvidemos sus fraudes, el control bestial de los medios masivos y la censura que ejercieron durante 70 años.

Al mismo tiempo, no quiero que le vaya mal al nuevo gobierno. Sería catastrófico para México. Pero tampoco quiero que les vaya demasiado bien porque no quiero que tengan confianza y alas quienes solapan a los Moreira, a los Romero Deschamps y a los Mario Marín. Que no se nos olvide que muchos priístas se cansaron de hacer fraudes, transaron con la delincuencia y el narco, y propiciaron carretadas de corrupción. Que nadie olvide el enriquecimiento infinito de unos cuantos gracias al PRI. “A mí no me den, a mí pónganme donde hay” y “Político pobre es un pobre político” son dos frases de dos prístas clásicos: Gonzalo N. Santos y Carlos Hank González.

¿Y a la izquierda? Ya hasta es lugar común decir que su peor enemigo son ellos mismos. No creo que sea conveniente su actitud de bloquear y estorbar al nuevo gobierno. No creo que nadie esté contento con que la izquierda se siga despedazando a ella misma, siendo la opción que debería ser viable y la única que nos pueda conducir por el camino que necesitamos. Desafortunadamente la llamada izquierda resulta informe e indescriptible al estar agrupada por un lado en un movimiento mesiánico y por el otro en un múltiples tribus que chocan frecuentemente entre ellas.

México no es un país de izquierda: en realidad es un país naturalmente orientado hacia la centro-izquierda, por su tradición liberal y por las creencias de mucha de su población. Una centro-izquierda moderada debería de gobernarlo, pero no ha sucedido así por múltiples razones, entre otras por sus malas decisiones y por malos candidatos, que curiosamente han logrado gobernar bien al Distrito Federal.

Una colaboradora mía lo sintetizó mejor de lo que yo podría hacerlo: “yo me considero de centro-izquierda, pero en México ser de centro izquierda equivale a votar por el PRI. No soy de izquierda porque tendría que ser perredista y tragarme lo radical de ese partido, así que termino votando por el PAN, que es de derecha”.

Lo que es un hecho es que, independiente a los gobiernos, la tendencia de México apunta hacia el crecimiento. Basta observar a esta clase media en ascenso, endeudada, inculta y alegre, pero que como sea sigue creciendo cada día. Me hubiera gustado, eso sí, que esa nueva clase media tuviera una educación menos superficial y quizá que fuera menos estridente en sus gustos. Pero es un hecho que va mejorando poco a poco la condición social de la población. La pobreza está disminuyendo, es un hecho rotundo y demostrable.

La economía de México está destinada a ser la sexta o séptima del mundo en cosa de 15 años, parece ser que a pesar de los políticos. Lo único que nos queda a los ciudadanos es seguir trabajando y que las diferencias y los intereses de los políticos no nos hagan perder de vista nuestros propios objetivos.

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