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Hablé recientemente con un spammer sumamente amable. Me estaba enviando decenas de mensajes semanlmente, y lo habÃa venido rastreando y reportando de servidor en servidor, además de solicitarle en varias ocasiones, tanto por email como por teléfono que me quitara de su lista.
Le llamé a las dos de la maÃ’ana para solicitarle verbalmente por segunda ocasión que me retirara de sus listas, en las que me ofrece material para hospitales e invitaciones para cursos de enfermerÃa (actividades, por supuesto, muy relacionadas con mi negocio de web hosting).
Me dà cuenta que, después de todo, estos seres aún conservan un cierto rastro de humanidad. Pero son sumamente cÃnicos. Estas son algunas de las cosas que me dijo, y que me sorprendieron por la naturalidad, amabilidad y cinismo con que las dijo.
“Es que deveras no te tengo en mi lista. Yo soy muy respetuoso (!??) y retiro a quien me lo solicito”
“No, espera, espera. Sà ya và donde te tengo. Acabo de recopilar una nueva lista con doscientas mil nuevas direcciones. Ya sabes, tengo mis programitas y todo…”
“Créeme, mano, que es mucha más la gente que me agradece mis correos que quien me pide que no le envÃe”.
“Bueno, como la legislación no está muy avanzada, pues tu sabes, uno hace su luchita”.
Finamlmente, logré que me quitara de su lista. Sà se puede hacer que te quiten de tu lista. Hay otro tipo a quien reporté ante la Profeco que también me retiró a la primera de cambio.