Don Enrique Gonzalez Aragón

El personaje más creativo, trabajador, incansable y extravagante que he conocido en mi vida es mi suegro, Don Enrique.

Puedo decir que él se dedicó prácticamente a todos los oficios: fue seminarista, comerciante, industrial, político, funcionario público, escritor y pintor. Además, en cada uno de estos rubros se desempeño en mil actividades diferentes.

Como comerciante, vendió y exportó cabezas de cocodrilos, helicópteros, patrullas de policía, guacamayas, computadoras, conchas marinas, cultivos de vainilla y artesanías mexicanas, entre otras muchas cosas.

Como empresario, fabricó macetas, muebles rústicos de madera. Tuvo una fábrica de plásticos y polietilenos, una empresa de renta de maquinaria pesada (grúas, aplanadoras, retroexcavadoras) y una granja con miles de pollos. También construyó carreteras en Veracruz.

Fue un gran impulsor de la democracia en México, y combatió encarnizadamente los fraudes que, elección tras elección, se cometían en Baja California, el estado donde vivía. Ya no le tocó ver cómo se desvirtuaba el partido que defendía y al que ayudó a llegar al poder.

Como funcionario público, y por su honestidad a toda prueba, fue nombrado Jefe de Compras del ayuntamiento de Tijuana y después Jefe Administrativo de la Policía Municipal. En ambos cargos combatió la corrupción enquistada de años. Tuvo suerte. El narco ejecutó al jefe de policía que le sucedió en el cargo.

Coleccionaba piezas arqueológicas, cornamentas de venados que él mismo cazaba, aves, peces, infinidad de extraños objetos, fósiles. Gracias a él tengo el gusto de poseer unos cuantos trilobites, incluyendo el trilobites enroscado que aparece en el logo de La Página Mutante.

Conocía como la palma de su mano las regiones más apartadas de México, incluyendo desiertos, ríos, selvas, pantanos y lagunas. Sabía construir carreteras, casas, muebles y mecanismos de todo tipo. Cultivaba las plantas más improbables en su casa: bananos, uvas, cerezas. Distinguía las aves a decenas de metros de distancia. Sabía de cacería, de animales, de armas.

Él personalmente se encargó de excavar los pozos que surten de agua su casa, construyó su propia alberca, diseñó su casa, incluida una elaborada escalera que desciende desde la calle hasta la entrada, y que bordea una fuente tapizada de conchas marinas, con todo y pato echando agua por la boca.

A pesar de no saber inglés, se entendía a la perfección con decenas de gringos con quienes hacía negocios.

En navidad, sus nacimientos eran de asombro. Cuando era Halloween, era capaz de excavar un túnel para entrar en su casa y decorarlo con ingenio sin igual.

En 1992, cuando no era fácil conseguir un buen procesador de palabras que corriera en su vieja computadora XT, se las ingenió para crear complejos documentos de decenas de páginas en un horrendo programa llamado Flow. Cuando tuvo acceso equipos más modernos, en 2003, maravilló a ingenieros norteamericanos y alemanes con elaboradas infografías primigenias del sistema de parquímetros que implementó en la ciudad de Tijuana.

Por si alguna experiencia le faltara, tuvo en una ocasión la suerte de ganar el premio mayor de la Lotería Nacional. Sí, hasta el gordo se ganó mi suegro.

Nunca descansó a pesar de haber sufrido dos infartos. Murió hace cuatro años, en junio de 2001, en las montañas de la sierra de Baja California, a tres horas de la ciudad más cercana, construyendo una enorme cabaña de madera, su último proyecto.

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About Gustavo Arizpe

Gustavo Arizpe es editor de Área Estratégica, socio director de Área Estrategias en Internet y fundador de Café de Altura. Desde 1998 ayuda a empresas a generar negocios en Internet.
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