Había una revista para niños, por ahí de 1974, llamada Cucurucho y el Tío Rius. Era creada por Eduardo del Río, Rius, el prolífico creador de más de 300 libros-comic que habla de temas de política, salud, historia y hasta de música, siempre desde su perspectiva marxista.

Cucurucho y el tío Rius
, desde luego, tenía una tendencia ideológica. Hablaba de astronautas pero rusos, no gringos. Mencionaba a la hoz y el martillo. Entre juegos e historias, no dejaba de tocar la evolución darwiniana. Me divertía mucho en aquellos años en los que yo coleccionaba rocas, admiraba a los dinosaurios y modelaba muñequitos de plastilina por decenas.

Mi madre, una persona muy religiosa, se escandalizó cuando le conté a mis 8 tiernos años que había leído en el Cucurucho que el hombre descendía del mono, pues esto como sabemos contradice al Génesis y sus leyendas. Trajo a un tío sacerdote para que me explicara cómo había estado la cosa en realidad. Recuerdo que no me tragué muy bien su explicación, aún cuando mi tío el padre fue creativo y no contradijo la tesis de Darwin.

En el último número que leí de Cucurucho, tal vez a principios de 1975, anunciaban que en el siguiente vendría una explicación de cómo nacen o de dónde vienen los niños. Eso bastó para que desapareciera misteriosamente mi colección de Cucurucho y el tío Rius que guardaba yo en un librero.

Nunca volví a ver la revista en el puesto de periódico. Desconozco si dejaron de editarla tras ese provocador anuncio, o simplemente la escondían cuando yo iba, pues siempre iba al mismo puesto.

Dos o tres años después conocería con lujo de detalles y gráficos explícitos los procesos para crear niños leyendo a hurtadillas las revistas Penthouse de mi hermano, Hustler de mis primos, además del Caballo del Diablo, la colección erótica Memorias de una Pulga y algunas pequeñas revistas suecas impresas a todo color.

Aún así, me gustaría volver a leer el Cucurucho.

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